Carmen Posadas afirma que el sexismo sigue siendo difícil de erradicar, aunque algunas de sus expresiones más abiertamente aceptadas van desapareciendo. En una entrevista, la escritora también habló de las presiones a las que se enfrentan las mujeres, de cómo la clase social influye en las actitudes hacia los migrantes y del declive del debate público.
Posadas se describió como «posfeminista»: cree que las mujeres aún tienen batallas que ganar, pero advirtió contra la adopción de una mentalidad de victimismo. Dijo que la idea de que las mujeres deben ser atractivas en lugar de inteligentes es menos común que antes, aunque persiste una forma residual de machismo. También expresó su preocupación por la cultura incel en internet y por los hombres que, a su juicio, quieren parejas sumisas y desprecian a las feministas.
Al recordar su llegada al mundo literario español en la década de 1980, Posadas dijo que no encajaba en la imagen que se esperaba de una escritora y que no la tomaban en serio. Tras casarse con Mariano Rubio, entonces gobernador del Banco de España, contó que la atención dejó de centrarse en su escritura y pasó a su vida social, pese a que sus obras ya se habían traducido a cuatro idiomas. Dijo que intentó convertir esos prejuicios en motivación, en vez de permitir que definieran su carrera.
Posadas sostuvo que los prejuicios contra los inmigrantes suelen tener su origen en la situación económica y la clase social. Contrastó las reacciones ante una hija que se casa con una figura pública adinerada con las actitudes hacia un migrante que llega en barco, y señaló que la aceptación social puede depender más del dinero que de la raza.
También criticó la influencia de las redes sociales en el debate público y afirmó que las plataformas digitales dan espacio a opiniones que no están todas igual de bien fundamentadas. A su juicio, los influencers pueden atraer más atención que los premios Nobel, mientras que los intelectuales tienen cada vez menos visibilidad como figuras públicas.
Sobre el debate político en España, Posadas dijo que los insultos y el intercambio de acusaciones agotan a la ciudadanía. Describió que la llamen fascista como una acusación absurda que ha perdido significado por el uso excesivo, y sostuvo que la política debería centrarse en las propuestas y no en las etiquetas.
Fuentes: El País Cultura.
