Socorro Acioli cuenta que, durante su luna de miel en Montevideo, salió en busca de un tema antropológico. La columnista brasileña visitó el mercado Tristán Narvaja, del que había oído que ofrecía una vívida mirada a la vida y las costumbres locales.

El mercado no tenía secciones bien definidas, escribe. Sus puestos iban desde frutas, verduras y hierbas frescas hasta utensilios de cocina de madera de olivo e incienso. Una madre y su hijo vendían tortas y galletas caseras, y Acioli compró una de cada una. También pasó por puestos de libros usados, entre ellos ediciones en español de Paulo Coelho e Isabel Allende, antes de encontrar la novela agotada de Juan Carlos Onetti, «Juntacadáveres».

Acioli observó que quienes atendían los puestos de discos eran, en su mayoría, adultos mayores que llevaban camisetas con imágenes de sus ídolos musicales. Cerca de allí, una mujer de pelo azul leía el tarot a los transeúntes. A Acioli le llamó la atención un puesto doble dedicado exclusivamente a los gnomos, al igual que las antigüedades que encontró: azulejos, fotografías antiguas y cubiertos de plata para ensalada.

A medida que avanza el paseo, la columna pasa de las observaciones sobre el mercado a una incertidumbre juguetona. Acioli se pregunta por los gnomos y los duendes, por los termos y las calabazas que llevaba la gente, y por las letras de canciones que parecían aparecer ante ella como subtítulos. Dice que su primer día en Uruguay fue intrigante y promete escribir más la semana siguiente.

Fuentes: Folha Ilustrada.