Vladimir Brichta debuta en el teatro en solitario con «O Menor Palco do Mundo», una producción que actualmente se presenta en el Teatro Vivo de São Paulo. Durante poco más de una hora, actúa en un espacio reducido construido con paneles de cartón e interpreta a un hombre que intenta preservar su relación con su familia mientras está encarcelado.

El personaje ha sido encarcelado por traficar marihuana. Para seguir presente en la vida de sus hijos, inventa historias y se las envía. La obra se basa en una experiencia real vivida por el dramaturgo australiano Kim Crotty, cuya obra se ha adaptado para el público brasileño.

Brichta dice que el papel le atrajo porque retrata a un hombre cuya capacidad para ejercer de padre está limitada. Según él, la historia cuestiona la imagen del padre como un héroe impecable. «Los padres no son infalibles ni heroicos, pero a menudo proyectan esa imagen», dijo, y añadió que esas expectativas pueden hacer que los hijos sientan que nunca estarán a la altura.

El tema tiene un significado personal para el actor. Su hija mayor, Agnes, y Vicente, su hijo con la actriz Adriana Esteves, se han ido de casa. Brichta dijo que el año pasado sintió el «síndrome del nido vacío» con más intensidad de la que esperaba, y que ve una conexión entre esa ausencia y la representación que hace la obra de un padre que intenta lidiar con la distancia y la añoranza.

Su historia con Agnes también influye en su manera de abordar el papel. Después de que su madre, la cantante Gena Karla Ribeiro, muriera cuando Agnes era niña, Brichta y su exsuegra se vieron envueltos en una disputa por la custodia. Volvieron a vivir juntos un año y diez meses después de la separación. Brichta dijo que luchó para recuperar a su hija y ejercer de padre, aunque sabía que el proceso sería difícil.

Otra conexión está en la historia familiar de Brichta. Su padre, el geólogo Arno Brichta, fue arrestado durante la dictadura militar de Brasil, acusado de ayudar a grupos de resistencia, y perdió su cátedra en la Universidad Federal de Bahía. Brichta dijo que creció escuchando hablar de la experiencia de su padre, a quien le habían restringido la libertad. Le pusieron su nombre en honor al periodista Vladimir Herzog, asesinado por el régimen.

La adaptación brasileña también añade una dimensión a la obra original: además del padre encarcelado, Brichta interpreta a un actor que reflexiona sobre su propia vida. Ese elemento acerca el papel a la experiencia del intérprete, mientras que el formato en solitario le ha exigido ajustar su manera de trabajar en escena. Dijo que tuvo que aprender a controlar la respiración y dejar espacio para el público, que a menudo se convierte en interlocutor del intérprete en un monólogo.

El director Luiz Felipe Reis dijo que aceptó el proyecto porque examina la vida interior de los hombres y cuestiona la expectativa de que la masculinidad debe rechazar la fragilidad, la vulnerabilidad y la pérdida de control. A su juicio, cuestionar el ideal del padre intrépido e invulnerable puede ayudar a abrir paso a distintas maneras de comportarse.

Fuentes: Folha Ilustrada.