La columna de opinión de Luiz Felipe Pondé analiza cómo se relaciona la sociedad moderna con los muertos y comienza con el recuerdo de los puestos de flores abarrotados y el intenso tráfico cerca del cementerio Araçá de São Paulo el Día de Todos los Santos. Dice que, desde entonces, la escena ha perdido intensidad, lo que considera una señal de que los muertos han perdido su lugar en la vida familiar y pública.

Pondé sostiene que hoy es menos probable que la gente honre a sus antepasados o reconozca lo que las generaciones anteriores les transmitieron. Contrasta esta actitud con las prácticas tradicionales de veneración de los antepasados, en las que se recordaba a los muertos mediante ofrendas, oraciones y rituales. Según escribe, estas prácticas expresaban gratitud y también podían incluir peticiones de ayuda a los antepasados ante las dificultades que afrontaban los vivos.

La columna pasa luego a la descripción que hace Edmund Burke de la sociedad como un «contrato» entre los muertos, los vivos y quienes aún no han nacido. Pondé dice que Burke criticaba la idea de que la sociedad esté formada únicamente por las personas vivas en el presente. En este planteamiento, los muertos incluyen a las generaciones cuyas ideas, leyes, costumbres, creencias e instituciones contribuyeron a dar forma al mundo que heredaron quienes vinieron después.

La idea central de Pondé es que el presente no puede separarse del pasado: las personas se desarrollan dentro de una cultura que no crearon desde cero, y el mundo no empezó cuando nacieron ni termina cuando mueren.

Fonti: Folha Ilustrada.